El cuidado de la piel del bebé

La piel es el mayor órgano del cuerpo humano, y actúa como barrera del organismo frente al medio que le rodea. Esta barrera epidérmica tiene funciones aislantes y protectoras y para ello es muy importante mantenerla limpia, respetando el propio manto lipídico natural, e hidratada.

La piel del bebé es más delgada (entre el 40-60 %) y permeable que la de un adulto, por consiguiente es también más susceptible a la pérdida de agua, aumentando su sequedad, y a la aparición de irritaciones e infecciones. El proceso de maduración de la piel dura, como mínimo, hasta los dos o tres años de edad. Hay que ofrecerle el máximo de ayuda a este proceso de maduración.

El cuidado de la piel empieza con la higiene de la misma. Es muy importante utilizar jabones suaves, no agresivos, que no hagan prácticamente espuma, con el fin de mantener la grasa natural de la piel del bebé y aplicarlo de forma suave, evitando esponjas o materiales sintéticos. Hay que prestar especial atención al cuello y a los pliegues cutáneos tanto durante el baño como en el secado de la piel. Se recomienda que el agua del baño no esté muy caliente, ya que reseca mucho la piel dejándola áspera, y su duración no debe ser superior a diez minutos.

La hidratación se debe realizar a diario, a cualquier hora del día, pero el momento perfecto es después del baño, cuando la piel está todavía humedecida y los poros más abiertos. Puede aplicarse más de una vez al día, de ser necesario. La leche hidratante debe contener nutrientes grasos y aceites naturales, como el de oliva, ricos en omega 3, 6 7 y 9, manteca de karité o glicerina, que se absorban con facilidad y faciliten la regeneración continua de la capa grasa de la piel. De este modo conseguiremos mantener la integridad y funciones de la barrera epidérmica. También es beneficioso que contengan sustancias que reduzcan la irritación como la caléndula o el bisabolol de la manzanilla.

Cuando hablamos de hidratación hay que tener un cuidado especial con la zona peribucal: nariz, boca y barbilla y la denominada “zona del pañal”. Son zonas donde deben aplicarse productos específicos, de mayor hidratación, debido a su propensión a estar húmedas. La zona peribucal, está continuamente en contacto con la saliva, mucosidades e incluso restos de comida, que con el uso de chupetes, o mordedores, ejerciéndose un roce continua en la piel de la zona. En cuanto a la zona del pañal, está siempre expuesta a productos irritantes tanto de heces como de orina y hay que limpiarla, siempre que sea posible, con agua, prestando especial atención a los pliegues, secando completamente la zona con suavidad. Aplicándose, en caso necesario, productos que nos permitan mantener en buen estado la piel de la zona, a poder ser, sin efecto oclusivo.

Hay otros factores que nos ayudan en el cuidado de la piel. Ésta no sólo se realiza a nivel tópico sino que la alimentación e ingesta de líquidos adecuados para su edad, suministran a la piel el líquido necesario para mantenerse sana. El uso de prendas de vestir transpirables como el algodón o el hilo, ayudan a evitar el exceso de sudoración, que provoca grandes alteraciones de la piel de los bebés.

Y por último, si bien el sol es necesario para el buen desarrollo del bebé, hay que protegerle del mismo utilizando protectores solares y evitando largas exposiciones sin protección.